
El
conducir representa independencia, competencia y control. Es una
manera de acceder al cuidado de la propia salud, comprar lo necesario,
ser productivo y mantenerse en contacto con la familia, los amigos
y la comunidad. Por lo general, las preocupaciones acerca de la
conducción surgen durante los primeros estadios de la demencia,
cuando las personas que la padecen todavía son independientes y
capaces de manejar sus actividades diarias.
Algo
diferente de los cambios comunes que afectan la vida en la madurez
Esta
enfermedad no es como otros cambios de la madurez que afectan la
conducción, tales como problemas de la visión y tiempos de reacción
más lentos. Muchas personas adultas de edad avanzada que no padecen
demencia pueden evaluar su conducción, sin la intervención de la
familia, y hacer cambios graduales en la manera en que ellos conducen.
Y la mayoría son capaces de continuar conduciendo en forma segura
durante el resto de su vida.
Cambios
en las personas con demencia
El
caso de las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer y otras
formas de demencia es muy diferente. Por lo general, la progresión
de esta enfermedad es gradual y, de alguna manera, impredecible.
Las funciones cognitivas cruciales para la conducción, tales como
el juicio, el tiempo de reacción y la capacidad para resolver problemas,
se ven afectadas. También pueden aparecer problemas físicos y sensoriales
que aumentan el riesgo de conducir.
Cuando
una persona padece demencia, la capacidad del individuo para evaluar
sus habilidades de conducción también puede disminuir. Las personas
con demencia son especialmente propensas a minimizar la complejidad
de la conducción y a sobrestimar sus habilidades. También pueden
recurrir a excusas para justificar su conducción de alto riesgo.
Éstas son algunas razones que las personas con demencia utilizan
para justificar el hecho de que continúen conduciendo:
“El simple hecho de que me haya perdido no significa
que no pueda seguir conduciendo.”
“Me aseguro de mirar por dónde voy.”
“He conducido durante muchísimos años, y no he tenido
ni un solo accidente.”
A
medida que van disminuyendo las capacidades de conducción y evaluación,
aumenta el riesgo de sufrir pérdidas o lesiones graves. Las personas
que cuidan de estos pacientes deben asumir la responsabilidad de
supervisar y regular la conducción de la persona con demencia.

|