Los arquetipos se basan en la teoría del psicólogo suizo Carl Jung de que los humanos tienen una tendencia básica a usar el simbolismo para comprender conceptos. Jung identificó 12 arquetipos. Cada uno de estos tiene una identidad poderosa. Cada arquetipo tiene su propio conjunto de características, valores, actitudes y comportamientos. La industria de la publicidad y el marketing ha aplicado ese concepto para crear arquetipos de marca. La idea es que cualquier marca pueda relacionarse con uno de estos 12 modelos icónicos que ayudan a definir la marca y a darle vida. Como consumidores, nos conectamos o nos relacionamos con la personalidad y las aspiraciones del arquetipo de marca. Son universales y eternos y representan nuestras necesidades y deseos fundamentales. Nos acercan a la empresa y sus productos.
Potente herramienta de marketing y publicidad
¿Qué te viene a la mente cuando piensas en un mago? ¿Alguien que puede hacer realidad los sueños, realizar lo imposible, crear algo especial y memorable? Ahora, ¿qué pasa si asocias una empresa o producto con esas características? Visión, imaginación, poder transformador... Esas características pueden crear una poderosa conexión emocional que puede inspirar lealtad, e incluso devoción.
Como ejemplo de una empresa con esos atributos, piense en Apple. Apple ha transformado el mundo de sus clientes. Los poderosos y sinceros homenajes al cofundador de Apple, Steve Jobs, después de su muerte reflejaron su carisma, así como el de su poderosa marca. Cuando puedes conectarte con tus clientes de una manera tan fuerte y profunda que no solo son clientes de por vida, sino que también te lloran cuando mueres, definitivamente has tocado una fibra sensible. Eso no es fácil o siguiendo los movimientos. Sucede cuando tu marca es tan auténtica y fuerte que crea una conexión psicológica profunda y fundamental con las personas. Eso lleva tiempo, pero vale la pena su compromiso.
Los arquetipos cubren una amplia gama de personajes y características icónicas, desde el bueno (héroe) hasta el malo (rebelde); desde la seguridad del cuidador hasta la aventura salvaje y la emoción del explorador, o desde el joven y puro (inocente) hasta el estadista anciano sabio o inteligente (sabio).